


Una cerveza que comenzó sin imagen ni marca, pero con una receta excepcional. Cuando nos invitaron a participar, nuestro cliente —originario de Marsella, Francia— ya tenía definida la denominación: Marsellesa. A partir de sesiones de trabajo y de sus referencias personales, la identidad visual tomó como eje el símbolo cultural del sur de Francia, la cigarra, íntimamente ligada a la identidad de la región de Marsella. La cigarra solo canta en los días más calurosos del año, su canto no es una distracción, es una orden natural para parar, buscar la sombra y refrescarse.

